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Politica

Donald Trump anuncia que retira a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el cambio climático

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Donald Trump saca los 6.3 millones de kilos de emisiones de USA del acuerdo de París contra el cambio climático.

Tras una semana de rumores y declaraciones cruzadas, Donald Trump acaba de anunciar que Estados Unidos abandonará el acuerdo de París. Cumple así una de sus promesas electorales y acaba con las esperanzas de todos aquellos que esperaban que, como con el NAFTA, no se atreviera.

“Una decisión que pone a los americanos primero”, antes incluso que a la evidencia científica. De esta forma, Donald Trump asesta un golpe muy importante a la lucha contra el cambio climático y pone en problemas al resto de la comunidad internacional.

La noticia climática del año

La Casa Blanca ha confirmado la decisión de Trump, días después de que tanto Elon Musk, Stephen Hawking, el Papa Francisco y 25 de las compañías más grandes de su nación le pidieran y aconsejaran que permaneciera en el acuerdo. Lamentablemente, nadie ha logrado cambiar de opinión a Trump y ahora Estados Unidos se une a Nicaragua y Siria como los únicos tres países en el mundo que no firmaron el acuerdo. Hasta Corea del Norte se sumó al gran acuerdo internacional contra el cambio climático.

Estados Unidos firmó el acuerdo climático de París bajo el mandato del anterior presidente de la nación, Barack Obama.

Según Trump, lo siguiente que hará es “renegociar la entrada de Estados Unidos” en el acuerdo de París “o cualquier otro”, siempre y cuando “sea justo para la industria de energía nacional”. El presidente incluso quiere revivir la industria del carbón en una época que incluso China se está comenzando a olvidar de ella.

Trump asegura que lo que lo motivó a sacar a su país del acuerdo es que este suponía una desventaja económica “enorme” ante las otras naciones, y por su culpa podrían haberse perdido millones de trabajo. Si en las nuevas negociaciones logran un acuerdo que satisfaga a Estados Unidos considerará regresar, de lo contrario, seguirá siendo uno de los únicos tres países que no forman parte de él. Este no es un buen día para el ambiente.

¿Qué ocurrirá ahora?

La administración Trump podría haber decidido no aplicar el Acuerdo. París es todo un cambio de concepto dentro de los tratados internacionales contra el cambio climático y, bajo su estructura, todos los compromisos nacionales son voluntarios. Esto quiere decir que Trump podría haber optado por desmantelar la política medioambiental americana sin exponerse a ningún tipo de sanción. No ha sido esa su decisión.

Según parece, el Gobierno norteamericano invocará el artículo 28 del Acuerdo. El problema es que ese artículo establece que las partes solo podrán iniciar el proceso de salida (que dura un año) tres años después de haberlo firmado: Estados Unidos lleva solo 13 meses y, para que la salida se hiciera efectiva, Trump debería revalidar su presidencia en las próximas elecciones.

La otra opción, consistía salirse de toda la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático del que el Acuerdo de París es solo una parte. Esto lo podría hacer con solo un año de preaviso. Pero, por lo que sabemos, el equipo del magnate norteamericano parece haber descartado esta vía.

“Es hora de salir del Acuerdo de París”, ha dicho sin dar más detalles técnicos. Tendremos que estar pendientes de los siguientes pasos de la Administración Trump, de la respuesta del resto de la comunidad internacional y de las reacción dentro de su propio país (personalidades como Elon Musk o el presidente de General Electric ya han mostrado su desacuerdo con la decisión). Justo cuando podíamos ser optimistas en la lucha contra el Cambio Climático, la partida ha cambiado completamente.

Fuente | CNN]

Ciencia

¿Cómo funcionan las armas químicas y qué daños provocan?, ¿Qué es el gas sarín, empleado en los ataques a Siria?

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El martes murieron 86 personas en el ataque con gas sarín en siria, en medio de espasmos y convulsiones que terminaron en asfixia presentan los efectos de un elemento biológico que actúa directamente sobre órganos vitales del ser humano. 27 de los fallecidos eran niños

Los medios de comunicación y agencias sanitarias como la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugieren que se trataría del gas sarín, un tóxico que no se encuentra en forma natural en el ambiente sino que es el resultado de una fabricación industrial.

De él se sabe que fue creado en 1939, en plena Segunda Guerra Mundial, por cuatro químicos alemanes, con lo cual pasó a formar parte del armamento químico del Ejército nazi, al punto que se ordenó la producción en masa durante este evento bélico.

Su impacto fue tal que a comienzos de la década de los 50 la recién creada Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN , por sus siglas en inglés) lo clasificó como arma química convencional y dio paso a que en la guerra fría Estados Unidos y Rusia lo utilizaran con fines militares.

Se especula, incluso, que en Chile, durante la dictadura de Augusto Pinochet, se usó este gas contra los opositores del régimen.

En 1993, la Organización de Naciones Unidas (ONU) prohibió la producción y el almacenamiento de este gas -luego de que fuera activado en la guerra entre Iraq e Irán- y lo consideró desde entonces como un arma de destrucción masiva y, de paso, dio la orden de eliminar todos sus depósitos y reservas en el mundo.

Sin embargo, pese a la prohibición, se han encontrado rastros de él en los atentados en Japón (1994 y 1995) y en las guerras de Iraq y Siria.

¿Qué es el gas?

Un gas letal. El gas sarín es un arma química cuyo uso está prohibido por la Convención de Armas Químicas, un tratado internacional suscrito por 192 naciones, incluida Siria.

Este compuesto se presenta como un líquido inodoro e incoloro, por lo que es imposible detectarlo hasta que actúa.

Esta acción es la razón por la que en las imágenes del ataque en Siria los afectados mueren asfixiados en tan solo minutos entre convulsiones y sangrados por la boca y la nariz.

Síntomas. De acuerdo con los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos, las personas expuestas a una dosis baja o moderada de sarín en el aire, o que ingieran alimentos o agua contaminada o toquen superficies contaminadas pueden experimentar algunos o todos los siguientes síntomas en cuestión de segundos a horas después de la exposición: Nariz tupida, ojos llorosos, pupilas contraídas, dolores oculares, visión borrosa, babeo y sudoración excesiva, tos, opresión en el pecho, respiración agitada, diarrea, náuseas, vómitos y / o dolor abdominal.

Al ser un gas más pesado que el aire, tiende a depositarse en partes bajas por lo que se recomienda, ante riesgo de exposición alejarse a partes altas y ventiladas.

Una exposición grave a la sustancia, 25 veces más tóxica que el cianuro,  puede ser combatida si se administran los medicamentos adecuados oportunamente: atropina, para tratar los síntomas fisiológicos y pralidoxima para regenerar la colinesterasa. En todo caso, se recomienda acudir cuanto antes al médico y desechar incluso la ropa que puede guardar restos del gas y aislarla con dos bolsas plásticas, pues puede contaminar hasta 30 minutos después del contacto.

¿Cómo tratarlo?

Como todos los insecticidas que actúan de esta forma, hay un antídoto que bloquea el efecto. Se trata de la atropina y las oximas, que revierten el papel de la enzima que destruye la sustancia que mantiene contraídos los músculos.

Se sabe que rosear agua a los afectados se hace, entre otras, para eliminar de la ropa los restos del gas que pueden afectar a otras personas.

Hay otras recomendaciones, además de los soportes médicos necesarios. En las imágenes que le dieron la vuelta al mundo también se veía talco o harina esparcida sobre las víctimas.

Esto tiene como objetivo empujar el gas hacia el piso y bloquear su efecto. Asimismo, se aconseja impedir que las víctimas sean bañadas en duchas, pues se corre el riesgo de enviar la sustancia a través de los alcantarillados y contaminar aguas.

Estados Unidos ataca Siria en respuesta al bombardeo con armas químicas

 

El presidente Donald Trump afirmó que el ataque químico en Siria ha cambiado su opinión sobre el conflicto y sobre el régimen de Bachar al Asad, al que acusó de haber traspasado “todas las líneas” en sus acciones armadas contra la población civil, que calificó de “afrenta a la humanidad”. Hoy Estados Unidos lanzó un ataque militar contra blancos del gobierno sirio en represalia por su ataque con armas químicas contra civiles esta semana, anunció el gobierno de EE.UU. este jueves.

Bajo las órdenes del presidente Trump, buques de guerra de EE.UU. lanzaron 50 misiles de crucero Tomahawk.

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Politica

Los gigantes de Sillicon Valley se levantan contra las medidas migratorias de Trump

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Desde Google hasta Uber, muchas de las grandes empresas tecnológicas de EEUU han plantado cara al veto musulmán impulsado por Trump.

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Economía

Las 10 innovaciones urbanísticas del futuro que cambiarán nuestras ciudades

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Más de medio siglo después, Carlos Ratti, director del MIT Senseable City Lab y elegido por el Fondo Económico Mundial para establecer 10 innovaciones para las ciudades del futuro, se formula las mismas cuestiones: cómo evitar la huella humana, optimizar recursos, descomprimir la contaminación y congestión urbana o integrar los diferentes espacios entre las diferentes “clases” sociales.

¿De qué herramientas disponemos, cómo vamos a arreglar las problemáticas a las que ya nos enfrentamos?

La receta del ingeniero y arquitecto italiano pasa por soluciones muy ligadas a la cultura generada por las nuevas tecnologías. Y pueden resumirse con un puñado de verbos: compartir, colaborar, reutilizar y regenerar. Ratti es consciente de las dificultades que debe encararse en un mundo tan complejo para llevar a cabo las propuestas del documento aprobado por el Foro Económico Mundial, sin embargo no quiere entregarse a la resignación.

Deberíamos atender al impacto, la puesta en práctica, la madurez de la innovación… Teniendo todo eso en cuenta, hemos llegado a definir las innovaciones urbanísticas del futuro.

1. Espacios reprogramables

Si pensamos en la ciudad de hoy en día, hay mucho espacio que no se utiliza durante la mayor parte del día o del año. Pero aun así, le damos solo una función. Si juntamos diferentes funciones, podemos utilizar el espacio de manera más eficiente. Así tendríamos una mayor densidad y un consumo de energía per cápita menor en un ambiente más respetuoso. Con una estimación de casi 10.000 millones para 2050 debemos pensar en aprovechar cada espacio útil

2. Waternet, una Internet de tuberías inteligentes

La ONU marcó 2050 como el año en que el agua potable de todo el planeta se agotaría. Para 2030 se están marcando una serie de metas con las que mitigar el desastre. La demanda, desperdicio, contaminación y destrucción de redes fluviales nos llevará a una sobredemanda del 40%: granjas industriales, agricultura, desarrollo de energía, etcétera. Un 30% del agua potable se pierde entre fugas y contaminación

Hoy en día, podemos monitorizar la red de agua de una forma muy precisa, detectar fugas, medir el consumo de las personas… Básicamente, si combinamos el sistema de agua con, digamos “Internet”, y desarrollamos algo a lo que podríamos llamar “Aguanet”, tendríamos la capacidad de hacer dos cosas importantes: la primera, gestionar este recurso tan preciado más eficazmente; y la segunda, informar a la gente para que cambien su comportamiento.

3. Adoptar un árbol a través de la red social

La contaminación está creando climas extremos, sequías prolongadas, inundaciones y tifones. Los árboles podrían ayudar a combatir ese cambio. Estudios sugieren que un aumento del 10% en las zonas verdes de una ciudad podría compensar el aumento de temperatura provocado por el cambio climático. Un cambio acelerado a partir de la expansión de los núcleos urbanos.

Los árboles son muy importantes tanto por cuestiones medioambientales como por el placer de encontrarse en un entorno verde cuando nos alejamos de los núcleos urbanos. Así que la idea, de nuevo, es ¿se pueden combinar las redes y las redes sociales con la presencia de árboles? ¿Se pueden mapear los árboles? ¿Se puede hacer que la gente se involucre? Sería como una especie de red social de árboles, de forma que se pudiera motivar a las personas para que tuvieran responsabilidad con el conjunto forestal, y también pedir a los políticos que lo mejoraran comparando unas ciudades con otras. Podría convertirse entonces en una herramienta muy importante para monitorizar la cantidad de árboles y mejorarla. Necesitamos árboles para sobrevivir: un aumento del 10% en las zonas verdes reduciría el impacto del cambio climático

4. Humanos a dos ruedas

Las ciudades han sido diseñadas para los coches. Son una visión modernista y acelerada donde no hay lugar para el peatón. Bueno sí, pero cada vez este espacio se ve más reducido. Dentro de los núcleos urbanos, las bicis son un 40% más rápidas en horas punta

El siguiente paso es fomentar la movilidad. La bicicleta es el aliado perfecto. La bicicleta en sí misma se puede transformar mediante la tecnología. Un ejemplo seria  el  proyecto desarrollado por Senseable City Lab llamado Copenhagen Wheel. Es una rueda que puede convertir cualquier bici en una bicicleta electrónica. Contiene información de cómo los ciclistas se mueven por la ciudad y puede ser de enorme utilidad a la hora de decidir la ruta que quieres seguir. De alguna forma, toda esta información digital nos puede ayudar a diseñar una ciudad mejor y más respetuosa y cómoda con los ciclistas.

5. Cogeneración, cocalefacción, corefrigeración

Es muy simple porque cuando se genera electricidad, se emite mucho calor como consecuencia. Y ese calor se podría utilizar para calentar y también para enfriar, a nivel de distritos. Así que, si podemos visualizar todas las corrientes de calor de la ciudad y combinarlas de la manera más efectiva, podemos ahorrar en total muchísima energía.

Como bien señala Carlos Ratti, la energía actual genera el 60% de CO2 del mundo. Las energías fósiles no sólo están agotándose sino que se están generando más problemas de las soluciones que aportan. Mientras tanto, la energía solar es cada día más y más barata.

6. La ciudad compartida

Hoy en día, sabemos que las cosas con tecnología son mucho más fáciles de compartir. Como por ejemplo compartir coche o un apartamento en Airbnb. La idea es cómo podemos desarrollar plataformas digitales que nos permitan compartir dentro de la ciudad a una escala mucho mayor. Muchos elementos de infraestructura ya sean para vivir, para trabajar o para moverse, se utilizan una parte del tiempo, aunque no todo el tiempo. Si somos capaces de compartir más, podemos ahorrar mucho a nivel total.

Igual que tendemos a compartir ideas, debemos ser capaces de observar lo que nos rodea como algo más que “tuyo” o “mío”. Sólo hay que fijarse en Uber y su expansión para entender la misma sinergia en el mundo del motor. Compartir es una forma de que quienes no tengan acceso puedan disfrutar de ello.

7. Movilidad ‘on demand’

Cada año mueren aproximadamente 1,25 millones de personas por accidentes de tráfico, según informes de la OMS. El tráfico genera contaminación, pero también pérdidas humanas. ¿Qué te parecería usar coches autónomos que, una vez te dejan en tu destino, se van para dar servicio a otro usuario?

Lo interesante de los coches autónomos no es el hecho de no tener que poner las manos sobre el volante, sino que un coche autónomo puede llevarte a la oficina por la mañana y después puede llevar a otro miembro de tu familia. O a cualquier otra persona de la ciudad. Lo que se logrará de manera efectiva es crear un sistema que combina el transporte público y el privado.

8. Equidad e integración social

Las grandes urbes están tan compartimentadas que casi parecen países independientes, separados por aduanas sociales. La nula integración entre barrios fomenta las desigualdades.

En Medellín han encontrado una forma de convertir lugares públicos en sitios informales para reconectarlos con el resto de la ciudad. Y eso, a lo que podemos llamar el “modelo Medellín”; es lo que se ha estado utilizando de forma muy amplia por todo el mundo. Y cuando pensamos primero en estas conexiones físicas, pensamos por ejemplo en los teleféricos que conectan las favelas, una zona desfavorecida, con el resto de la ciudad. Pero también hay otro tipo de conexiones, como una librería que proporciona una conexión cultural y permite a la gente hacer un intercambio. Incluso visualmente, representa una conexión simbólica para que la ciudad entera funcione como un todo.

9. Una plataforma de sensores urbanos

Se trata de ir de la iluminación tradicional a los leds y ahorrar mucha energía. Y se puede hacer en las ciudades. Lo primero que podemos hacer es reducir el consumo de energía, pero después ponemos los leds y los ponemos online para poder controlarlos y que estén conectados al ecosistema del “Internet de las cosas”.

4.000 millones de semáforos de todo el mundo pasarán a utilizar diodos luminiscentes durante los próximos años. La energía LED no sólo ayuda a ahorrar en la factura de la luz con una reducción en la demanda energética de 75 a 12 watios—, sino en el gasto público. Los semáforos actuales son costosos. Y el alumbrado urbano necesita una mayor eficiencia energética.

Y se pueden hacer muchas otras cosas, como a través de sensores monitorizar la calidad del aire o la ocupación o el tráfico o hacer intersecciones más inteligentes… Todo esto, convierte potencialmente la infraestructura de iluminación en una web inteligente en la ciudad.

10. Agricultura urbana

De acuerdo con la Ellen MacArthur Foundation, el 45% de las hortalizas perecederas cultivadas en Europa se desperdician antes de llegar a la mesa. La solución pasa por trasladar parte de las explotaciones agrícolas cerca de las urbes. Proveer de alimento a Nueva York, por ejemplo, cuesta el doble de lo que supondría hacerlo en una población periférica. Necesitamos, por tanto, un sistema más vertical y centralizado.

No creo que podamos decir hoy en día de manera firme cómo serán las ciudades del futuro, pero lo que podemos hacer es trabajar todos juntos para ver de qué forma podemos desarrollar la ciudad del futuro.

El mundo no va a arreglarse sólo. Un aumento de 2 grados centígrados para 2100 cambiaría radicalmente nuestro futuro: supondría un revés terrible en países enteros, donde la desertización y subida del nivel del mar hasta niveles de verdadero riesgo cambiaría su sociedad.

Mientras tanto, las iniciativas de “ciudades verdes” cada vez gozan de mayor aceptación. Y esos cambios se traducen en una mejora en la calidad de vida para su población, algo que puede constatarse en apenas meses. Parece evidente que, si queremos prosperar, necesitamos cambios a la altura.

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