La impresión en 3D transformará la forma de construir: sin residuos, con menos energía y apenas mano de obra

La impresión en 3D ha relegada la construcción tradicional a algo nefando y arcaico

A medio camino entre la arquitectura, el diseño industrial y la ingeniería, Hans Vermeulen, miembro fundador del estudio de arquitectura holandés DUS Architects, quiere transformar el urbanismo moderno: «si ganas en los materiales, ganas también en sostenibilidad y además ahorras dinero. Al final se trata de construir mejores ciudades de forma más rápida y más barata».

Tras hacerse con un contenedor industrial y el brazo robótico de una grúa para imprimir a gran escala, llevan cuatro años definiendo lo que será la primera vivienda típica holandesa construida a partir de enormes cubos impresos en 3D,  revolucionando por el camino los materiales de construcción, las técnicas de impresión y la logística del montaje, alejada del tradicional ladrillo sobre ladrillo.

Y mientras tanto han creado la sede de la presidencia holandesa de la UE en 2016, un edificio de 700m² vertebrado primero sobre una maqueta a escala y ahora están inmersos en el diseño interior de la futura terminal de vuelos internacionales del aeropuerto de Schiphol. Desde una oficina instalada en la trasera de su fábrica de impresoras gigantes, y con el sonido de fondo de las máquinas trabajando incesantemente, Vermeulen explica  por qué la impresión en 3D logrará democratizar la arquitectura.

La clave está en su impresora: KamerMaker es tuneladora y fábrica en tiempo real, una impresora de 3,5 metros que contiene un contenedor de transporte desde el que imprime sus rejillas 3D que después se rellenan de hormigón y se ensamblan. El año pasado “publicó” uno de sus primeros proyectos: habitaciones de 2,2 m (ancho) x 2,2 m (longitud) x 3,5 m (altura) usando PLA (bioplástico) y PP (polipropileno). Esta primera vivienda, de 8m², con volumen de 25 metros cúbicos, tardó apenas dos días en imprimirse.

Las posibilidades de KamerMaker.

Alrededor del 50% de las emisiones de CO2 de todo el planeta proceden del sector de la construcción. En el mundo hay 1.600 millones de personas sin una vivienda adecuada. Sumemos estas dos cifras y obtendremos los dos primeros elementos de la ecuación: contaminación y ausencia de recursos.

3D Print Canal House no exige recursos del suelo, sino materiales concretos, fundidos y tratados con la metodología específica de la impresora. Este proyecto parte de 13 espacios que se ensamblan como piezas Lego,similar al de un mueble Ikea, salvando las distancias: escaleras, suelos y muros por un lado y por otro, cada pared se imprime teniendo en cuenta los espacios libres para el cableado y tuberías.

Desde DUS Architects digitalizan estructura por estructura y lo suben a un servidor en Internet, «de manera que se pueden pedir para imprimir, o producir de manera local, lo que reduce el transporte y se replante la manera en que movemos materiales y productos por el mundo», como afirma Hans Vermeulen

La habitación que se imprimió el año pasado en realidad era una de las trece habitaciones pensadas para la nueva casa canal, que se espera esté completa a lo largo de este 2017.

En pequeños bidones llenos de bolitas, cápsulas de este plástico biodegradable, KamerMaker logra formas de geometría inteligente que reducen el impacto medioambiental y prometen un futuro donde se cumpla el Artículo 25.1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El futuro del urbanismo tridimensional

Vermeulen sentencia que los arquitectos sólo diseñan una cosa cada vez, mientras que su equipo diseña algo y lleva ese conocimiento al siguiente proyecto. Pero, ¿estamos realmente ante una alternativa que modifique el mundo de la construcción tal y como lo conocemos?

La impresión en 3D terminará con la producción de los componentes fuera del edificio, porque ahora, con un ordenador, se puede elegir qué quieres producir y cómo según el espacio donde lo vayas a poner, personalizando cada aspecto y sin que esto sea más caro que producir cientos en serie. Menos residuos, menos energía, menos tiempo y una mayor productividad, porque ya no hará falta la mano de obra que es necesaria hoy.

Esta evolución es también revolución. Pero en términos pragmáticos, aún queda mucho camino por recorrer. No es una simple frase hecha: ¿cuánto de ese bioplástico puede producirse semanalmente? ¿Cuántos empleos serán sacrificados? ¿Cuántas KamerMaker son necesarias para fabricar una urbanización completa? El método portátil es tan positivo que incluso puede plantearse para la fabricación en otros planetas y otras condiciones, pero no podemos sentenciar que las viviendas de 2018 usarán tecnología 3D.

¿cómo se construirá dentro de varias décadas? ¿Veremos cambios importantes? El futuro suele equivocarse siempre…pero si me aventuro diría que dentro de diez años ya veremos formas muy distintas de hacer arquitectura: la tecnología digital para la producción de materiales y para la construcción estará a la orden del día. Robots, impresoras, drones y otros avances que surgirán ayudarán a democratizar el diseño, para que a través de bibliotecas virtuales cada uno comparta sus diseños, su conocimiento, con usuarios que lo aplicarán a su gusto y de forma inmediata.

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Redacción online de la edición EBS News y RevoluTegPlus News