Las 10 innovaciones urbanísticas del futuro que cambiarán nuestras ciudades

Más de medio siglo después, Carlos Ratti, director del MIT Senseable City Lab y elegido por el Fondo Económico Mundial para establecer 10 innovaciones para las ciudades del futuro, se formula las mismas cuestiones: cómo evitar la huella humana, optimizar recursos, descomprimir la contaminación y congestión urbana o integrar los diferentes espacios entre las diferentes “clases” sociales.

¿De qué herramientas disponemos, cómo vamos a arreglar las problemáticas a las que ya nos enfrentamos?

La receta del ingeniero y arquitecto italiano pasa por soluciones muy ligadas a la cultura generada por las nuevas tecnologías. Y pueden resumirse con un puñado de verbos: compartir, colaborar, reutilizar y regenerar. Ratti es consciente de las dificultades que debe encararse en un mundo tan complejo para llevar a cabo las propuestas del documento aprobado por el Foro Económico Mundial, sin embargo no quiere entregarse a la resignación.

Deberíamos atender al impacto, la puesta en práctica, la madurez de la innovación… Teniendo todo eso en cuenta, hemos llegado a definir las innovaciones urbanísticas del futuro.

1. Espacios reprogramables

Si pensamos en la ciudad de hoy en día, hay mucho espacio que no se utiliza durante la mayor parte del día o del año. Pero aun así, le damos solo una función. Si juntamos diferentes funciones, podemos utilizar el espacio de manera más eficiente. Así tendríamos una mayor densidad y un consumo de energía per cápita menor en un ambiente más respetuoso. Con una estimación de casi 10.000 millones para 2050 debemos pensar en aprovechar cada espacio útil

2. Waternet, una Internet de tuberías inteligentes

La ONU marcó 2050 como el año en que el agua potable de todo el planeta se agotaría. Para 2030 se están marcando una serie de metas con las que mitigar el desastre. La demanda, desperdicio, contaminación y destrucción de redes fluviales nos llevará a una sobredemanda del 40%: granjas industriales, agricultura, desarrollo de energía, etcétera. Un 30% del agua potable se pierde entre fugas y contaminación

Hoy en día, podemos monitorizar la red de agua de una forma muy precisa, detectar fugas, medir el consumo de las personas… Básicamente, si combinamos el sistema de agua con, digamos “Internet”, y desarrollamos algo a lo que podríamos llamar “Aguanet”, tendríamos la capacidad de hacer dos cosas importantes: la primera, gestionar este recurso tan preciado más eficazmente; y la segunda, informar a la gente para que cambien su comportamiento.

3. Adoptar un árbol a través de la red social

La contaminación está creando climas extremos, sequías prolongadas, inundaciones y tifones. Los árboles podrían ayudar a combatir ese cambio. Estudios sugieren que un aumento del 10% en las zonas verdes de una ciudad podría compensar el aumento de temperatura provocado por el cambio climático. Un cambio acelerado a partir de la expansión de los núcleos urbanos.

Los árboles son muy importantes tanto por cuestiones medioambientales como por el placer de encontrarse en un entorno verde cuando nos alejamos de los núcleos urbanos. Así que la idea, de nuevo, es ¿se pueden combinar las redes y las redes sociales con la presencia de árboles? ¿Se pueden mapear los árboles? ¿Se puede hacer que la gente se involucre? Sería como una especie de red social de árboles, de forma que se pudiera motivar a las personas para que tuvieran responsabilidad con el conjunto forestal, y también pedir a los políticos que lo mejoraran comparando unas ciudades con otras. Podría convertirse entonces en una herramienta muy importante para monitorizar la cantidad de árboles y mejorarla. Necesitamos árboles para sobrevivir: un aumento del 10% en las zonas verdes reduciría el impacto del cambio climático

4. Humanos a dos ruedas

Las ciudades han sido diseñadas para los coches. Son una visión modernista y acelerada donde no hay lugar para el peatón. Bueno sí, pero cada vez este espacio se ve más reducido. Dentro de los núcleos urbanos, las bicis son un 40% más rápidas en horas punta

El siguiente paso es fomentar la movilidad. La bicicleta es el aliado perfecto. La bicicleta en sí misma se puede transformar mediante la tecnología. Un ejemplo seria  el  proyecto desarrollado por Senseable City Lab llamado Copenhagen Wheel. Es una rueda que puede convertir cualquier bici en una bicicleta electrónica. Contiene información de cómo los ciclistas se mueven por la ciudad y puede ser de enorme utilidad a la hora de decidir la ruta que quieres seguir. De alguna forma, toda esta información digital nos puede ayudar a diseñar una ciudad mejor y más respetuosa y cómoda con los ciclistas.

5. Cogeneración, cocalefacción, corefrigeración

Es muy simple porque cuando se genera electricidad, se emite mucho calor como consecuencia. Y ese calor se podría utilizar para calentar y también para enfriar, a nivel de distritos. Así que, si podemos visualizar todas las corrientes de calor de la ciudad y combinarlas de la manera más efectiva, podemos ahorrar en total muchísima energía.

Como bien señala Carlos Ratti, la energía actual genera el 60% de CO2 del mundo. Las energías fósiles no sólo están agotándose sino que se están generando más problemas de las soluciones que aportan. Mientras tanto, la energía solar es cada día más y más barata.

6. La ciudad compartida

Hoy en día, sabemos que las cosas con tecnología son mucho más fáciles de compartir. Como por ejemplo compartir coche o un apartamento en Airbnb. La idea es cómo podemos desarrollar plataformas digitales que nos permitan compartir dentro de la ciudad a una escala mucho mayor. Muchos elementos de infraestructura ya sean para vivir, para trabajar o para moverse, se utilizan una parte del tiempo, aunque no todo el tiempo. Si somos capaces de compartir más, podemos ahorrar mucho a nivel total.

Igual que tendemos a compartir ideas, debemos ser capaces de observar lo que nos rodea como algo más que “tuyo” o “mío”. Sólo hay que fijarse en Uber y su expansión para entender la misma sinergia en el mundo del motor. Compartir es una forma de que quienes no tengan acceso puedan disfrutar de ello.

7. Movilidad ‘on demand’

Cada año mueren aproximadamente 1,25 millones de personas por accidentes de tráfico, según informes de la OMS. El tráfico genera contaminación, pero también pérdidas humanas. ¿Qué te parecería usar coches autónomos que, una vez te dejan en tu destino, se van para dar servicio a otro usuario?

Lo interesante de los coches autónomos no es el hecho de no tener que poner las manos sobre el volante, sino que un coche autónomo puede llevarte a la oficina por la mañana y después puede llevar a otro miembro de tu familia. O a cualquier otra persona de la ciudad. Lo que se logrará de manera efectiva es crear un sistema que combina el transporte público y el privado.

8. Equidad e integración social

Las grandes urbes están tan compartimentadas que casi parecen países independientes, separados por aduanas sociales. La nula integración entre barrios fomenta las desigualdades.

En Medellín han encontrado una forma de convertir lugares públicos en sitios informales para reconectarlos con el resto de la ciudad. Y eso, a lo que podemos llamar el “modelo Medellín”; es lo que se ha estado utilizando de forma muy amplia por todo el mundo. Y cuando pensamos primero en estas conexiones físicas, pensamos por ejemplo en los teleféricos que conectan las favelas, una zona desfavorecida, con el resto de la ciudad. Pero también hay otro tipo de conexiones, como una librería que proporciona una conexión cultural y permite a la gente hacer un intercambio. Incluso visualmente, representa una conexión simbólica para que la ciudad entera funcione como un todo.

9. Una plataforma de sensores urbanos

Se trata de ir de la iluminación tradicional a los leds y ahorrar mucha energía. Y se puede hacer en las ciudades. Lo primero que podemos hacer es reducir el consumo de energía, pero después ponemos los leds y los ponemos online para poder controlarlos y que estén conectados al ecosistema del “Internet de las cosas”.

4.000 millones de semáforos de todo el mundo pasarán a utilizar diodos luminiscentes durante los próximos años. La energía LED no sólo ayuda a ahorrar en la factura de la luz con una reducción en la demanda energética de 75 a 12 watios—, sino en el gasto público. Los semáforos actuales son costosos. Y el alumbrado urbano necesita una mayor eficiencia energética.

Y se pueden hacer muchas otras cosas, como a través de sensores monitorizar la calidad del aire o la ocupación o el tráfico o hacer intersecciones más inteligentes… Todo esto, convierte potencialmente la infraestructura de iluminación en una web inteligente en la ciudad.

10. Agricultura urbana

De acuerdo con la Ellen MacArthur Foundation, el 45% de las hortalizas perecederas cultivadas en Europa se desperdician antes de llegar a la mesa. La solución pasa por trasladar parte de las explotaciones agrícolas cerca de las urbes. Proveer de alimento a Nueva York, por ejemplo, cuesta el doble de lo que supondría hacerlo en una población periférica. Necesitamos, por tanto, un sistema más vertical y centralizado.

No creo que podamos decir hoy en día de manera firme cómo serán las ciudades del futuro, pero lo que podemos hacer es trabajar todos juntos para ver de qué forma podemos desarrollar la ciudad del futuro.

El mundo no va a arreglarse sólo. Un aumento de 2 grados centígrados para 2100 cambiaría radicalmente nuestro futuro: supondría un revés terrible en países enteros, donde la desertización y subida del nivel del mar hasta niveles de verdadero riesgo cambiaría su sociedad.

Mientras tanto, las iniciativas de “ciudades verdes” cada vez gozan de mayor aceptación. Y esos cambios se traducen en una mejora en la calidad de vida para su población, algo que puede constatarse en apenas meses. Parece evidente que, si queremos prosperar, necesitamos cambios a la altura.

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Editor invitado en revolutegplus, estudiante.